Como bien dijo el actor estadounidense Dirk Clark, “la música es la banda sonora de la vida”. Nosotros no podíamos estar más de acuerdo y en los eventos no podía ser diferente. Por ello, en Everama prestamos mucha atención al acompañamiento musical de nuestro producto principal; las experiencias. Llegados a este punto en el que la selección de las piezas musicales ocupan una parte sustancial de la preparación del evento, ¿cualquier elección sirve? A continuación veremos que no.

¿Cómo dar con la nota en los eventos con música?

Cuando hablamos de “eventos con música” no nos referimos a la producción de un evento cuya temática sea necesariamente musical, ni tampoco al hecho de que el cliente implicado deba estar relacionado con este sector. Al referirnos a ese concepto hacemos alusión al hecho de seleccionar, a partir de la personalidad de la empresa en cuestión, la banda sonora que mejor se adapte al contexto. Con ello logramos no solo reforzar el mensaje a transmitir, sino también que los asistentes se sientan cómodos y dispuestos a disfrutar de la experiencia. Además, la música también funciona como elemento memorable.

Hemos comprobado que en jornadas de teambuilding el acompañamiento musical ostenta un papel clave; al tratarse de jornadas tan dinámicas, significativas y emotivas, lo que se consigue es que, una vez finalizado el evento, los asistentes vinculen las canciones a los momentos que un día vivieron con sus compañeros. Sin duda, una estrategia para inmortalizar el evento infalible.

En Everama llevamos años percibiendo que la banda sonora de un evento produce un efecto muy positivo en el desarrollo del mismo. Por ello, recientemente hemos incorporado como colaborador de nuestros servicios a Alf LaFrench, un productor musical encargado de diseñar, en exclusiva, las piezas musicales más adecuadas para cada ocasión. Por tanto, no se trata simplemente de un remake de las canciones más actuales o más comunes, sino de la selección, elaboración o modificación de piezas musicales que, tras horas y horas de reunión, determinamos que son ideales para el evento en cuestión.

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Melodías excepcionales que se adaptan a cada cliente

A estas alturas del artículo ya vamos empapándonos de la importancia que adquiere la música en un evento de cualquier índole. No obstante, ¿Cómo sabemos qué música es la que realmente debemos añadir?, ¿Existen pistas? Afortunadamente sí. De entrada, sumergirnos en la identidad corporativa del cliente es lo primero que debemos hacer; pues ésta nos dará información acerca del tipo de empresa del que se trata. Como es obvio, encontraremos gran variedad; pues podemos toparnos con empresas que deseen conservar su tradicionalidad, otras que apuesten por la innovación y la modernidad y en otras podríamos encontrar un carácter rebelde y rompedor.

Una vez sepamos con total seguridad para quién estamos trabajando, deberemos tener en cuenta el briefing, es decir, la información que determina lo que el cliente necesita y espera del evento en cuestión. Hay que prestar mucha atención a los pequeños detalles, pues en ocasiones las empresas pueden decidir romper con su rutina corporativa y realizar un evento que destaque por su singularidad. En estos casos, acudir a la elaboración de piezas musicales es una opción idónea al permitirnos crear desde cero un paisaje sonoro que defina con exactitud la atmosfera del evento.   En tercer lugar, aunque no menos importante, deberemos tener en cuenta el público al que nos dirigimos, ya que será lo mismo ambientar musicalmente un espacio con niños de 6 a 12 años que un entorno con adultos de 30 a 50 años. Además, en esta parte incluso podríamos dar un paso más allá e intentar definir si los asistentes pertenecen a un grupo social determinado. Si fuera así, acertar con la música podría ser mucho más fácil.

Como vemos, todo es cuestión de prestar atención a las diferentes informaciones que vayamos teniendo, así como conseguir empatizar con los diferentes participantes en el proyecto. Sea cual sea la decisión, lo que está claro es que siempre hay que dar con la tecla cueste lo que cueste, nunca mejor dicho.