Nuestro último evento fue en Málaga, para Laneb.
No se la cantidad de bromas y guasa que hicimos en el aeropuerto sobre el tema..
– Ei! si oyes hablar italiano, tu lejos, eh??
– Cuánto loco exagerado con mascarilla!!

Era época de carnaval… chirigotas, ya no digo más, nos reímos un rato escuchando el mordaz y cítrico humor de las letras sociales y siempre controvertidas de estas melodías.

Y llego aquí, y al cabo de nada, me encuentro este pastel… lo primero que pensé: menos mal que he aprovechado cada segundo en Málaga!! (porque a parte de trabajar, lo pasé de miedo, je je) simple… pero real.

Antes de que se diera la orden de confinamiento, decidí que el resto de everamagirls trabajara desde casa, no suponía nada extraño… para mí la flexibilidad es crucial y hoy en día podemos trabajar desde cualquier lugar. Otra cosa es que uno esté acostumbrado y sepa organizarse, eso es harina de otro costal.

Miedo: nada, ninguno. Incertidumbre: mucha, demasiada.

Pienso en como van a cambiar las relaciones humanas, la forma de contactar, de comunicarnos, de querernos y mostrarnos afecto.
Pienso en como afectará a los niños y jóvenes, si saldrán de esta con miedo… eso sería una lástima muy grande y sí me entristece mucho.

He pasado un par de días malos. El tema económico me preocupa, obviamente, tengo una pequeña empresa con empleados, local, y gastos fijos y grandes, y hemos perdido todo el trabajo que teníamos, mal asunto. Pero no es el fin del mundo.

Ahora llevo días enfocada en el cambio de paradigma, hay que cambiar el enfoque, dejar de pensar que todo pasará y volveremos más fuertes y cosas de esas… hay que perder el miedo al cambio y actuar para adaptarnos a la nueva realidad.

Fresco, como dicen en Colombia.

Noemí, 45 años, directora de Everama

Quién más quién menos ha leído alguna vez sobre sociedades distópicas o hemos visto series dónde se plantean escenarios impensables y surrealistas… hasta hoy.

Quién nos iba a decir el pasado 14 de marzo que sería el primer día de lo que ya es una nueva realidad. Quien nos iba a decir que nos sentiríamos cómo si estuviéramos dentro de un capítulo de Black Mirror.

Pues aquí estoy, yo personalmente, envuelta de una rabia y enfado contenido, sintiendo que estoy en arresto domiciliario. Con la incertidumbre de si realmente esto que nos está pasando servirá de algo o no. Con la incertidumbre de si las consecuencias y daños colaterales serán peor que lo que queremos salvar.

Si es cierto que al ser una situación que nos hemos encontrado de golpe, adaptarse a ella e intentar sobrellevarla de la mejor manera posible es muy necesario. Ver la parte positiva, y darte cuenta de lo qué y quién realmente te importa, todo lo que echas de menos y de más… Aunque hay días que no saldrías de la cama, o te lo pasas llorando, o romperías todo lo que tienes a mano…

Espero que este parón impuesto nos sirva para, como sociedad, cuestionarnos y cambiar lo que realmente no queremos en nuestra vida. Disfrutar y saborear más lo que nos hace felices.

Espero y confío que el miedo no nos invada, seamos capaces de superar esto y aprovecharlo.
Tener la oportunidad de ser un poco mejor de lo que somos.

Hoy mi sueño de un futuro inmediato: bañarme en el mar y tumbarme en la arena. Libre de cualquier temor.

Sònia, 44 años, administración

Acabo de leer un meme: «Faltan 15 días del confinamiento. Da igual cuándo lo leas.» ¡Así estamos!

Pero, como no podemos hacer actualmente gran cosa, vamos a recurrir a nuestro maravilloso don – el pensamiento. Y hoy, más concretamente, vamos a volver hace más de un mes e intentar recordar los últimos días de libertad 😉

En nuestra oficina cada día comentábamos la actualidad. Pero la idea de encerrarnos en casa nos parecía muy lejana y abstracta. En el tren camino a trabajo no había nadie ni con mascarilla ni con guantes, ni siquiera nadie tosiendo. Además ya era marzo, empezaban a brotar las primeras hojas, los pajaritos cantando, todo el mundo (o por lo menos yo) tenía ganas de que llegaran los días de playa, veladas en las terrazas y ropita ligera.

¿Y los eventos? Bueno, en marzo no teníamos mucha cosa, pero luego ya si – ¿qué pasará con nuestro trabajo?

Decíamos: ¡nosotras, pase lo que pase, vendremos a trabajar a la ofi (tenemos hijos, trabajar con ellos en casa nos parecía un infierno) y organizaremos lo que nos pidan los clientes!

Y, de repente, llegó el 13 de marzo y en una mañana el mundo dió la vuelta. Colegios cerrados, trabajo desde casa, parques, playa, paseos prohibidos… Todos sabemos, cómo están las cosas y quién sabe cuánto nos queda…

De vez en cuando recuerdo estos tiempos pasados y los echo de menos. Y sé que algún día volverán. Pero por otro lado, ¿tan mal estamos todo el día con pijama, con los nuestros al lado pudiendo darles un abrazo siempre cuando queramos? Tenemos internet, tv, música, libros, comida… En todo lo malo que está pasando intento buscar detallitos positivos y disfrutalos a lo grande. Ahora os dejo y voy a disfrutar de este cafecito con galletas caseras escuchando pajaritos por la ventana…

Iwona, 35 años, logística

Hoy 16/04/2020, día en que escribo este texto, es mi 36 día confinada, como el de muchos que me leéis, algunos incluso llevareis más.

Recuerdo el último día en la oficina, el último día que pude salir sin el miedo de las miradas que te juzgan cada vez que sales sin pararse a pensar que tal vez vas a la farmacia o a comprar, porque tampoco pueden saberlo cuando te ven desde su ventana.

Lo que recuerdo de ese día es la incertidumbre, todas sabíamos que iba a pasar algo grande que marcaría nuestras vidas, pero no pensamos que sería así. Un día después de ese último día, el 13 de marzo, hacía un mes que había llegado a la empresa, y justo ese día ya no pude volver porque la universidad había cancelado las prácticas. Una de mis preguntas ahora es, ¿Volveré?

A partir de esa noticia, llegaron muchas más, cancelación de mis vacaciones en Budapest, cancelación del evento que más he preparado en estas prácticas y que sé que a todas nos hacía ilusión, pero quizá a mí más por ser mi primer contacto con un evento de esas características, cancelación de mi fiesta de cumpleaños, cancelación de las prácticas de conducir, cancelación de la graduación, cancelación de las clases… y otras noticias que aún están por venir. Todas estas noticias eran de esperar, no me pillaron por sorpresa, pero no quieres creerlas hasta que se hacen oficiales.

Ahora 36 días después del “último día”, casi 3 prorrogas más de esta cuarentena, aún siento la incertidumbre y el miedo al después, las conversaciones en casa, en el trabajo, con los amigos, no cambian, solo se habla del coronavirus y sus consecuencias.

Sin embargo, cada día me lo tomo con más calma y pienso que de esta experiencia aprenderemos personalmente y como sociedad, pero me niego a salir de aquí con mascarilla, a un metro de distancia de las personas y sin abrazos y besos, porque esa no sería nuestra sociedad. Me niego a salir a la calle y volver a ver las miradas de desconfianza de las personas cuando te acercas a ellas, cuando toses, cuando estornudas, cuando te ven sin mascarilla… Este virus nos ayudará a mejorar pero no puede cambiarnos.

Ainoa, 22 años, practicante